Los Cuentos

Movilidad reducida

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El Perro

Hace poco tuve una conversación telefónica con mi hermana. Su perrito llamado Ogy le tienen que quitar “una cosita” cerca de su ojo y le van a operar. Lo hará una doctora especialista en oftalmología canina. Qué bien, le dije. Por suerte hay personas dedicadas a sus carreras profesionales justificándolas más con la pasión y el amor, que por cualquiera otra cosa. Seamos sinceros, la doctora no se hará “muy rica” y tampoco “muy famosa” siendo una oftalmóloga canina y la debemos aplaudir por eso. 

De paso intercambiamos un par de comentarios sobre el asunto del acceso para las personas con movilidad reducida. La renovación del permiso de apertura de su negocio está en los trámites y hay unas cláusulas cambiadas en la ley. Colgué, sentado y mirando afuera atraído por el sol del día. Observé nuevamente, en el edificio situado en frente, un brazo femenino relajado en una ventana. Algo parecido a lo que hacen algunos chulos choferes, camioneros y taxistas cuando extienden el brazo izquierdo fuera del coche. La ventana sobre el cual estaba puesto el brazo femenino, está en el mismo piso a la altura del mío, solamente en otra torre. Unos diez metros en linea recta. Cara a cara.

Este piso estaba con un cartel “se alquila” puesto en la ventana por lo menos durante un año. Fue unos meses atrás cuando desapareció el cartel y apareció un hombre. Vivía unos días sin cortinas y con la luz del techo, de fea y débil color blanco, encendida en todo el piso. La curiosidad dirigía mi mirada hacia su ventana y me preguntaba: ¿Quién es el hombre, cuál es la historia de su vida? Soltero recién divorciado o un autónomo hundido en la crisis y desahuciado de su casa? La semana pasó y poco a poco el piso se amuebló bastante bien, llegaron juntos las lamparas con la luz acogedora y las cortinas nuevas y me olvidé del asunto por un tiempo.

Al final del mes apareció una mujer en el piso y fijo se abrió la cortina en una de las ventana. Lo que podría verse en ella era o el hombre fumando o la mujer sentada debajo de la ventana abierta. Ella siempre usando el ordenador y a menudo con el brazo extendido afuera. Pero no era exactamente como el del camionero, este brazo decía algo más. Algo como que deseaba salir, el ángulo y la posición relajada de su muñeca lo decían. No sé. A veces giraba y apuntaba hacia el cielo. Y lo curioso, la mujer siempre está sentada. Incluso cuando los dos están “ahí”.

Mientras tanto, apareció en una de las dos calles que rodean el edificio (la de abajo) un vado de minusválidos. Una pintura azul en el asfalto. Un turismo aparcado y la señal vertical con la matricula escrita encima. Aparcando mi coche en la cercanía, pensé: ¿De quién es? Y allí me acorde de un detalle guardado, pero no comprendido, en mi memoria. Vaya detalle, el manillar. La mujer siempre sentada debajo de la ventana, nunca le vi de pie. Tenia como una barra detrás de ella. Era el manillar de una silla de ruedas. Que giro, en lo de la historia del hombre.

Hay un viejito, muy agradable que vive en el mismo portal como yo, solamente un par de pisos abajo. Nos cruzamos a menudo. El caminaba con ambas muletas. Y caminaba lentamente, con dolor. Si le aguantas la puerta para que pueda pasar, intercambias toda una historia de la vida hasta que él pasa y puedes finalmente cerrar la puerta. Luego él no pudo más, empezó a usar una silla de ruedas normal. Ahora ya tiene una motorizada.

Hace unas semanas desde que en una de las entradas peatonales del edificio, situada en la calle principal (la de arriba), la comunidad hizo una pequeña obra. Había un escalón elevado en la entrada y lo quitaron. Me imagino, que fue una iniciativa del viejito y sus familiares para que él pudiera salir solo a la calle sentado en su silla de ruedas. Hasta entonces, lo único que podía hacer era bajar al patio entre dos edificios y hacer vueltas como un niño en bici. Motorizado.

Pero el ignorante idiota soy yo. Porque vivo diez años por aquí y hasta colgar aquel teléfono con mi hermana no la he visto, la verdad verdadera que se me escapó. Mirando el brazo de la mujer comprendí que este edificio tan moderno y chulo es una jaula para las personas con movilidad reducida. El complejo construido algo más que 10 años, dos torres, unos 120 apartamentos, un centro comercial de dos plantas y sin el acceso para estas personas. Ni pa dentro ni pa fuera.

En la calle de arriba, donde quitaron el escalón, una persona en la silla no le sirve mucho eso de poder salir sola. La calle es principal, no se puede aparcar un coche, ni tampoco poner el vado de minusválido. La calle tiene una pendiente fuerte así que nadie allí saldrá con una silla manual para irse a no ser para tomar un taxi. Imposible. La motorizada quizás, pero la motorizada te la compras tu mismo si puedes.

La calle de abajo, donde si se puede aparcar y hacer un vado, está a la distancia de unos veinticinco escalones. Allí no van las ruedas. ¿Se pudo construir una rampa? Claro qué si, hubo espacio de sobra. La tercera entrada es por el centro comercial situado abajo, pero tocan las escaleras de nuevo. Y por el último la opción del garaje, situado dos plantas por debajo del nivel de la calle y con una rampa inclinada a 35° grados. En esta rampa, yo mismo me caí cuando estaba un poco mojado. Silla de ruedas, ni de coñá.

La única manera de salir o entrar es aparcando tu coche, teniendo plaza de garaje. Aparcar y pa casa con el ascensor. Pero el coche modificado y la plaza te la compras tu mismo si puedes.

No soy minusválido, no tengo ni conocidos ni familiares ni tampoco amigos en silla de ruedas. No sufro este problema cerca de mi. Aún así reconozco ser un ignorante, porque nunca pensé sobre ese verdadero problema presente en el edificio.

¿Pero qué podemos decir sobre el arquitecto, la constructora, el ayuntamiento, los inspectores que firmaron la licencia, los inversores, el banco…? Ustedes todos sois una mierda. Un flonk. Han hecho un trabajo malísimo. Cogieron el dinero, vale. Pero también hicieron un trabajo de vergüenza. Sois malos como profesionales en vuestros propios puestos de trabajo. No sabéis trabajar. Chapuceros.

Aplauso para la oftalmóloga.